Creación de las Periféricas

En la década de 1950 se manifiesta la necesidad de crear nuevas rutas de transporte ante la proliferación de colonias, barrios y polígonos de absorción que se van anexionando al municipio de Madrid. Desplazar a tantos ciudadanos de esas zonas periféricas alejadas no era una tarea que pudiera afrontar entonces EMT con sus medios. La solución estaba en fletar autocares de empresas privadas colaboradoras para resolver la falta de material móvil.

En 1967, el Ayuntamiento de Madrid ordena diferentes concesiones presentando varios concursos para establecer 28 líneas periféricas que iban a ser temporalmente explotadas por privados en una concesión para 12 años. El periodo de operaciones se inicia el 1 de octubre de 1967 para las primeras líneas adjudicadas y luego se sumarían otras concesiones en 1968. Más adelante, diversos ramales fueron reclamados en una “segunda entrega” por la necesidad de llegar a nuevos núcleos urbanísticos que habían surgido.

En los años 1970 había un total de 31 líneas circulando con la P seguida de su correspondiente número. Recordemos algunas de estas periféricas: P-15 “Palos de Moguer – Ciudad Los Ángeles”, P-20 “Plaza de Ramales – Caño Roto” o P-22 “Argüelles – El Plantío”. Los autocares, en un principio, eran de color verde para distinguirles del color azul característico de los autobuses de EMT y tenían muy diferentes tamaños. El público madrileño les llama las “camionetas”, aunque algunos no era precisamente pequeños.

En los primeros años, el servicio de los periféricos dejaba mucho que desear por su limitada capacidad para dar cabida a tantos nuevos residentes. Iban abarrotados desde la cabecera y era difícil que otros viajeros pudieran acceder en paradas intermedias. Una cierta disconformidad entre los usuarios se refleja en los recortes de prensa de la época. Lo común era que el grueso del pasaje se subiera en la cabecera hasta final de trayecto, con la desventaja para la empresa colaboradora de no poder incrementar la recaudación en cada trayecto a causa de la baja rotación de viajeros.

En 1971, algunos periféricos siguieron el ejemplo de EMT y adoptaron también el sistema de “agente único”, novedad que disgustó a muchos usuarios ya que cobrar y conducir eternizaba los recorridos. En cuanto a la política tarifaria, los precios del billete a finales de los años 1960 variaban según la empresa explotadora y el trayecto: un viaje sencillo oscilaba entre 1,10 y 2,50 pesetas. En todo caso, moverse en las periféricas salía más barato que viajar en EMT en esos tiempos.

EMT, uniendo Madrid.