Tengo mucho frío / ¡qué calor hace!

Esas son expresiones que a veces nos hacéis llegar por redes sociales cuando os subís al bus. Partiendo de la base que una temperatura uniforme y acorde con todos los usuarios es complicada de conseguir, como más tarde te indicaremos, vamos a explicar cómo funciona el sistema de climatización en los buses. Así comprenderéis por qué la mejor manera de solucionarlo es comentárselo al conductor.

El sistema ha variado sustancialmente desde los autobuses más antiguos hasta los últimos modelos de vehículos.

Los modelos más antiguos tenían un sistema de aire acondicionado en el cual el conductor simplemente lo ponía en funcionamiento y solo podía regular la velocidad de los ventiladores para dar más o menos caudal de aire, pero no regular su temperatura.

En una evolución posterior, vehículos con fecha de alta en 2003 o posterior, los autobuses ya disponen de un sistema de climatización que controla la temperatura y el caudal del aire. También existe una regulación independiente entre habitáculo del conductor y habitáculo de pasajeros, si bien el control de la temperatura es común para ambos.

En la última versión, existente únicamente en los vehículos adquiridos desde el año 2016, existe climatización independiente de la zona del conductor y de los pasajeros, aunque la temperatura del habitáculo de pasajeros está fijada por programación.

Esta programación ajusta la temperatura dentro de los parámetros de confort establecidos (12 grados menos que temperatura exterior en verano, 18º mínima en invierno) de modo que se garantice una climatización idónea en condiciones de eficiencia energética.

Hasta aquí sería perfecto si el bus estuviera permanentemente cerrado y con un nivel de usuarios normal todo el tiempo. Sin embargo, sabemos que no es así.

La apertura de puertas cada 300 metros aproximadamente, penetrando aire frío en invierno o aire caliente en verano, es un elemento que altera constantemente la temperatura interior del bus.

La ocupación del bus también es determinante porque afecta a nuestra apreciación de la temperatura y a la temperatura en sí misma.

Y por último, hay que pensar que cada persona tenemos un registro diferente de la sensación del frío y el calor.

Con todo esto, entenderéis lo complicado que es conseguir una temperatura uniforme y adecuada para todos los usuarios. Lo intentamos con todos los medios a nuestro alcance, pero, como habéis visto, depende de muchos factores: el tipo de bus, el número y frecuencia de paradas realizadas y el tiempo invertido en ellas, el nivel de ocupación, etc.

Si creéis que no es apropiada, indicárselo al conductor para que la regule, es el forma más práctica. Recordad que “hablando se entiende la gente”.